Reflexión sobre la gestión empresarial

Hoy en la Historia

Tomado de Ecured

Por Jorge Estrada


Es muy compleja la realidad cubana para modelarla y definir en qué parte se ha fallado, asimismo qué parte de la que se ha fallado le corresponde al sistema económico socialista, ya que es difícil hallar un período que no sea especial entre el triunfo revolucionario y nuestros días. Desde entonces las condiciones de relaciones económicas, comerciales, financieras y de integración entre Cuba y el resto del mundo han tenido el bloqueo económico y financiero de los EE.UU. como viscosidad circundante y operante. Esta actuación feroz de un país tan poderoso durante tanto tiempo, en medio de una crisis general del capitalismo, ha logrado cierta mella en los valores sociales de la Cuba contemporánea, lo que hoy da cierto freno al despegue económico en condiciones de oportunidades discretas y de expectativas mayores que se vislumbran. El resultado más lacerante de esta pérdida —o cambio— de los valores es la corrupción administrativa, que se extiende como una gangrena en la nación.

Después del triunfo revolucionario EE.UU. impuso las sanciones económicas y financieras que existen hasta hoy, y como resultado todos los países de América rompieron relaciones con el nuestro. No había mercado ni para comercializar la única producción a gran escala que hasta entonces se había logrado —el azúcar—, ni para adquirir los productos necesarios para la subsistencia del país, y las escasas reservas de dólares ya no se podían usar para las transacciones económicas si las hubiera.

Una gran cantidad de personas opinan que Cuba bebió el chocolate fácil con la URSS, y que a partir del descalabramiento de esta y del Campo Socialista, a nuestro país le costó muy caro encontrar la superficie. Pues en mi opinión, a Cuba se le dio entrada en la Comunidad Socialista al declarar su sistema de tal forma. Es por esta razón que a su economía y a su sociedad se le integró con la de los países de este polo. Integración significaba entonces preparar su economía, sus finanzas, su sistema jurídico, su industria, sus recursos humanos a tono con las exigencias y los avances tecnológicos de aquellos países, para que de esta manera se le diera tareas que tributaran a la propia integración comunitaria.

Con la escasa industria existente en Cuba desde antes del 59 —en su gran mayoría centrales azucareros de procedencia norteamericana—, la integración significaba una gran inversión. Con mucha rapidez —poco más de 20 años—, se logró producir azúcar, cítricos diversos, herramientas de mano, pescados, sal, níquel, cobalto, cemento, acero, contenedores, medicamentos diversos, ómnibus, maquinarias agrícolas, conductores eléctricos, etc., etc., etc. En apenas dos décadas Cuba multiplicó sus producciones, al mismo tiempo que creó un sistema de salud y educación gratuito con miles de instalaciones y personal calificado; preparó la infraestructura necesaria —carreteras, vías férreas, producción y transmisión eléctrica, embalses de agua, puertos, flotas aéreas y marítimas, etc.—, y hasta exportó capital humano —tanto fuerza productiva como docentes y médicos—, además de modernizar y dar nivel a su defensa.

Desafortunadamente esta imagen idílica no fue todo. El desarrollo socio-económico cubano trajo consigo tendencias negativas y errores que eran preciso rectificar. En los momentos del derrumbe socialista el país daba tratamiento a este asunto, lo que luego fue interrumpido con el más especial de los períodos.

Una diferencia esencial entre el capitalismo y el socialismo es en manos de quién está la propiedad de los medios de producción fundamentales. Para la economía cuyos dividendos van a parar directamente a manos de los dueños de los medios de producción —sector privado—, es fácil lograr una motivación que radica en el instinto humano de la apropiación y el poder que esta representa. Por tanto, es muy lógico que los proyectos que sobreviven en este campo sean los que más ganancia dan a los dueños de los medios de producción, a cuentas de poder vender más los bienes de uso y consumo de sus actividades, en un escenario selvático de competencia, con la calidad y la eficiencia como denominadores comunes.

Por otra parte, cuando los medios de producción fundamentales son propiedad social, es lógico que la retribución de sus dividendos se disuelva en la sociedad, sin cuestionar ni siquiera a quienes en ese disfrute no aportan con trabajo socialmente útil —aun cuando están actos para hacerlo. De tal manera, el hecho de que tales medios tengan un dueño abstracto que no vela por ellos en el momento de su uso, da un matiz muy subjetivo al asunto, a tal punto que cuestiones como su cuidado, mantenimiento, sostenimiento, modernización, uso con eficiencia, entre tantos asuntos que influyen directamente en la productividad, tengan como único sostén a la conciencia social, entidad extremadamente volitiva cuya existencia depende en gran medida de la motivación de los individuos. Si en este orden creemos que existe alguna relación directa concreta entre el resultado del trabajo y la percepción de beneficio que por esta causa tiene quien lo ejecuta, podemos inferir que es ahí donde radica la congruencia entre la motivación de los individuos de una sociedad y la productividad de su sistema social.

Pues en Cuba ha sido muy difícil lograr una conciencia social de productividad y eficiencia por diversas razones. En mi modesta opinión, en este país existen muchas formas de ingreso de dinero que no son una función del esfuerzo, la dedicación o la inteligencia, y esto es el engendro de la devaluación de nuestro dinero que hace que los montos de salarios más altos tengan un valor real muy bajo. Por poner solo un ejemplo: hay un gran número de personas que se benefician de las remesas familiares desde países con mucho más valoración de la moneda que en el nuestro. A usted le hacen llegar 100 dólares estadounidenses y estos se convierten aquí en 2 500 pesos —diez veces el salario promedio cubano—, sin embargo, quizás a la persona que los envió no le costó mucho esfuerzo producirlos, y mucho menos le cuesta a quien puede vivir ampliamente un mes entero sin trabajar con este dinero, sin preocuparse siquiera por pagar derecho a salud, ni educación, y con los servicios elementales a precios subsidiados —electricidad, gas, canasta básica, transporte, etc. Es ahí donde radica el conflicto fundamental de nuestras relaciones de producción. Estas formas de ingresos por encima del salario cubano van creando una clase ya con identidad e intención de perpetuidad, en la que el paradigma no es la idea romántica de ser maestro como papá, sino ser médico para viajar, o cuentapropista para enriquecerse, o trabajar en el turismo, o irse para “ayudar a la familia” que dejará de trabajar de ipso facto para engordar el ciclo, o simplemente robar.

En estas circunstancias se crea una desmotivación total de las fuerzas productivas por la que el sector estatal deberá actualizar las herramientas conceptuales, políticas y hasta filosóficas, incluso en zonas donde no se había actuado nunca. Estoy hablando de la salud y la educación, que aunque no deben perder la esencia de logro revolucionario y socialista, si es preciso que logren la percepción de engrosamiento del salario real de los que aportan a la sociedad, digamos como forma diferenciada de su acceso gratuito.

Habrá que flexibilizar la forma en que una empresa penaliza o premia los resultados productivos y dar mucho más protagonismo a la base, de manera que se sienta en este nivel que se puede influir sobre un resultado u otro y de esta forma se pueda percibir los beneficios. Lo que se dice de esta manera fácil será muy difícil de buscar la forma realmente, pero es preciso hoy más que nunca escuchar al sector trabajador sin dogmatismo, en la marcha, en cada lugar donde se produce o se da servicio para ver el vicio o la virtud y estandarizar las explicaciones a nuestras deficiencias desde lo singular. El mensaje de las masas hasta la alta dirección de la Revolución no puede tener intermediarios políticos ahora mismo. Es hora de escuchar sin prejuicio a los que no tienen nada que perder, los que hacen las revoluciones. Hay un nivel de dirección intermedia aquí que no está traduciendo bien el mensaje hace algún tiempo, porque no lo comprende, o porque no le conviene, y es lógico que eso suceda ya que no tiene las mismas necesidades materiales que aquejan a los otros. Ha ocurrido que dos hombres en un terreno secano con dos macheticos, dos azadones y una lima producen mucho más que una cooperativa. Entonces la justificación de los que explican falsea la incapacidad, la falta de liderazgo y otras patrañas que se comen hoy al país. La censura a toda crítica hace que estas heridas cierren en falso y llegará el momento que no habrá salida. El trabajador deberá decidir entonces la estancia de los dirigentes de sus entidades, en tanto estos las conduzcan retroalimentándose de aquellos que deciden la producción. Esto logrará una evolución dialéctica por completo. Una comisión de cuadro fría pone a una u otra pieza en un esquema meramente político, sin tenerse en cuenta el sabor del trabajo que realizan los de abajo para asegurar el fin.

 

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1 comentario

  1. ¿Cómo vendrá a ser el socialismo, ni cómo éste ha de ser una nueva esclavitud? Juzga Spencer como victorias crecientes de la idea socialista, y concesiones débiles de los buscadores de popularidad, esa nobilísima tendencia, precisamente para hacer innecesario el socialismo, nacida de todos los pensadores generosos que ven como el justo descontento de las clases llanas les lleva a desear mejoras radicales y violentas, y no hallan más modo natural de curar el daño de raíz que quitar motivo al descontento. Pero esto ha de hacerse de manera que no se trueque el alivio de los pobres en fomento de los holgazanes; y a esto sí hay que encaminar las leyes que tratan del alivio, y no a dejar a la gente humilde con todas sus razones de revuelta. http://cubaneando.cubava.cu/hablando-de-democracia/

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